Mi historia es más bien triste. Yo tenía mi empresa. Daba soporte a otras empresas de construcción. Cuando todo se desmoronó, yo fui detrás. Resultado. 33 personas al paro. No he podido pagarles el finiquito a ni uno. He perdido todo mi patrimonio. Me van a embargar el piso. Fue cuestión de un mes. Pero vaya mes.
Ahora, sentado en un banco en el paseo que hay cerca de mi calle, veo pasar a los antiguos proveedores. Los constructores. La mayoría se han declarado en quiebra, han puesto bienes a nombre de otros y siguen pasando con sus audis y sus mercedes por delante de mi casa.
No me digan que no es para liar una buena.
8 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Es indignante, pero tu denuncia servirá para que tú y tantos otro como tú no paguéis sólos el egoismo y la oportunidad sibilina de los poderosos
ResponderEliminar